Anoche, mientras trabajaba, sentí tus labios recorriendo mi cuello. No tardé en recordar que justo días antes del rompimiento me diste unos pequeños mordiscos cariñosos que me alocaron tanto que aquella noche no pude dormir. Me encontraba sentado frente a la computadora cuando comenzó el sueño, maravillado no pensé en seguir escribiendo sino que fantaseé hasta llegar al límite de lo prohibido. Volví a tejer teorías sobre cómo recuperarte, me volví a despeinar y rascar la cabeza como sólo lo hago io mirando alrededor sin observar nada en particular. Sé que esas ganas de verte y de hablarte no se traducirán en hechos reales puesto que cuando te he tenido en frente más ha podido la insensatez del orgullo clavado en mí que todo el sentimiento que muchas veces me pone contra la pared y me hace reconocer que deseo volver a verte. Luego que volví a casa alocado por aquellas caricias que me diste intenté comprender qué era lo que me hacía adorarte de una manera tan irracional, nunca hallé la respuesta. Aquella noche sólo me revolví en la cama pensando en ti y en todo lo que nos pasaba por ese tiempo. Pensé en quedarme contigo hasta el final del tiempo, pensé en aislarme, pensé harta huevada. Cuando desperté de mi letargo me di cuenta de un solo revés que a ti te daba igual lo que io pensaba. A veces, cuando te ponías brava me daba la impresión que todo lo que io sentía por ti se agrandaba, pero al irme, tras darle vueltas al asunto, concluía que tú me querías menos cada día. Lo volví canción muchas veces. Transmitía mi pesar tocando esas cuerdas. Sí, io me daba íntegro, y te hubiera amado porque ahora que lo veo desde fuera ya no quiero amar más. Y no es que no salga, porque sí lo hago, y mucho, y con muchas, pero me niego a aceptar formalismos con alguna. La vieja excusa del “salgo de una relación muy complicada” ha salido de mis labios unas 10 veces en lo que va desde el día del rompimiento a hoy y cada vez que la he pronunciado me he acordado de ti de forma estrepitosa. Varias veces ebrio y algunas a tal punto que he dejado a alguna chica muy dolida, tan dolida como el día que opté por dejarte ir. Ese día fue el día que más recuerdo del año pasado, porque me dolió como nunca me había dolido con alguna chica. Y esta historia, más que repetida, sé que debería terminar. Por mi bien. Y ay Dios, lo grito… Ya lo he gritado. Y me he cobijado en ese “Fue amor” de Páez, porque cada vez que pienso en vos… fue amor… fue amor. Ojalá una buena estrella te acompañe. Tengo ganas de correr a ver el amanecer. Hoy manejo lejos, me voy de nuevo, allá voy. Tear.
Desde Camaná a Nazca (de regreso) el camino es interminable y todo lo domina la oscuridad perpetua de la noche.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.