Creer
Yo creía en el
amor. Al menos, en el sentimiento sublime y surrealista enmarcado bajo el concepto purista platónico. Y probablemente
aún crea. Solo que el amor ya se ha ido. Ahora me limito a creer
deliberadamente en los problemas cotidianos que acarrea la falta del amor. Algo
así como conceptualizar el “color negro”, o sea, divagar.
Reinterpretar.
Claro, no queda
de otra fuente para beber. Alucinando cada día que pasa y probablemente
quedando ante el mundo entero como un desdichado. Abstraído en las más mínimas
animadversiones de la rutina y sentado muchas veces como un autista en pleno
viaje interestelar. Preguntándome qué postre habrá hecho hoy y quizás también
para quién. ¿La amaría como yo? Como yo lo hacía –lo hago- me increpo mientras
escribo estas solitarias líneas, quizás las últimas líneas que te escriba.
Porque al fin y al cabo algo de mí, guarda la esperanza –cómo odio esa palabra-
de que me leas y sientas. Así como yo era feliz. En mi mundo, no sé si lo
compartí. Yo trataba, como siempre, de darte ese algo imaginario que tú
buscabas. Me esforzaba por conocerte. Por quizás entrar en la monotonía que al
final me terminó pagando del peor modo. Yo aún guardo esa especie de calor
interior que me regalaste. Preguntas como “¿Nos quedamos acá a vivir?” o “¿Y si
nos olvidamos de todo?” rondan mi cabeza echado en la cama, aquella que
compartíamos dándole la vuelta a nuestro mundo. Lloro otra vez. Por el grito
desesperado que significa para mí la vida. Mi vida. Tú. Calma. Otra vez vuelvo
a las líneas. Echados en una cama más grande que nuestras vidas deseando que
esos días no acaben jamás. Lo tuvimos. Guardaba el secreto pero sí, yo era muy
feliz. Nunca fui feliz, quizás. Y así como cuando uno prueba el helado de
chocolate y aprende a convivir con él para siempre, yo aprendí mucho de ti.
Carta abierta al
tiempo.
Termino estas
líneas con un siempretevoyaquerer porque nada pudo añadir tantos buenos
recuerdos a mi vida como tú. Dos bipolares que se encontraron en el Ecuador
cuando realizaban su migración, probablemente única en la vida. Se rompe el
cascarón, Paul is dead. Gracias.
Ficha técnica:
Te gusta el
Ramen, el té con huevaditas, lo animes, los gatos y los reptiles. El chocolate,
el helado, la carne de cerdo pero odias el limón y los vegetales.
Si estas
preferencias son genuinas –no mientas- mándame un email.
-Apuesto a que
encuentro a alguien opuesto.
Pepa.
Mi primera vez en el Oceano Indico.
Beyond Resort, Krabi - Tailandia.

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