viernes, 22 de octubre de 2010

Cartas a Nadie Pt.1

Y desde hoy contará la leyenda que cada vez que te resbales en el lodo tendrás 10 meses de mala suerte. Y cómo no poder hablar de una nueva leyenda si cada vez que me siento en las rocas para ver el mar las olas se ponen bravas, más bravas de lo usual. Tengo la ligera impresión de que todo esto está sucediendo desde que te vi de nuevo. Cuatro vientos cardinales atacaron mi corazón – sí, otra vez – sin embargo esta vez, yo muy mordaz y díscolo, me propuse salir airoso de mi última lid. ¿Cuántos arpegios compuse a tu andar? La misma pregunta me la haré al volver del abismo. El vacío al cual caigo cada vez que me atraviesa tu mirada. Cada domingo en la tarde regreso y me siento en lo más recóndito de mi habitación para descifrar esa mirada. Te prefiero lejos, o como dice aquella canción, fuera de foco. No es verdad. No del todo, no prefiero algo. Mis fantasías vuelven a caer en los tonos más graves. Sí, si tuviera que cantarlos todos serían suaves, y aunque muy graves, al final del túnel eres tú mi tenue fantasía. No es un grito desesperado el escribirte en el medio de la madrugada, cuando tus pupilas están obnubiladas bajo tus largos ojos. Solamente se me ocurrió. ¿Se puede escribir el amor? Seguramente sí ¿O podrás decir que no? Te miro a los ojos. Encuentro más de lo que crees. Salgo a respirar a unas escaleras de escape. El jardín de fondo me avisa que la noche no pasará. Al menos no por ahora. Agotador derroche de interpretación onírica que posiblemente será desmenuzado en algún momento, así lo espero.

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