Basada en hechos reales.
Eran las 16:05 hrs. de un 14 de Noviembre cuando apareció llena de sudor en la frente y sólo atinó a saludar con un parco 'hola'. Me miró a los ojos dubitativa y sonrió escuetamente. La miré fijamente y le pregunté: "¿Qué crees que haces?". Como era de su costumbre no respondió. Avanzó unos pasos y me dijo "¿Tienes algo de comer?". Sonreí y la invité a pasar a mi morada. Han pasado ya diez años desde que te fuiste con la intención de pensar un poco las cosas y sí que te he estado esperando - le contaba en tono amistoso -. Le serví un plato de sopa caliente, tal como a ella le solía gustar. No sabría si le gusta aún ya que han pasado tantos años y a veces la gente cambia de gustos, pero algo en su expresión me confesó que le agradaba la sopa al tomarla. No habían pasado ni diez minutos cuando de pronto comenzó a contarme sus trotes. Había recorrido el mundo tal como soñábamos juntos paseando de la mano por la calle, sólo que sin mi. Se había equivocado y también había acertado pero ya estaba cansada y al fin decidió buscarme. Yo, a pesar de no ser un hombre cambiante, si había viajado y conocido muchos lugares y personas pero seguía esperándola. Quizás para un hombre solitario como yo, la idea de la mujer ideal se reflejaba en ella. A pesar de la serie de imperfecciones que la rodeaban cuando joven aún me convencía tal cual. Yo solía pensar a solas en formar una familia con ella y pensaba que ella también lo hacía. Ingratas a veces son las sorpresas pues un día se marchó y me dejó solo con mis sueños. Ella, ya cansada, había regresado y tal vez sea buena oportunidad para conocerla mejor.
Tengo mucho por contarte, le dije. Ella me tapó los labios y me dió un beso en la frente. Esa noche se iba a quedar.
Continuará.
Emancipation Park - Kingston, Jamaica.

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